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Discurso de posesión del Vicepresidente de la República, General Óscar Naranjo

 El Presidente Juan Manuel Santos comenzó su discurso de posesión dando gracias a Dios y a Colombia. Esta misma frase la repetiría nuevamente al inicio de su segundo mandato cuando los colombianos, en un proceso genuinamente democrático, depositaron en su liderazgo toda la confianza para que su Gobierno siguiera avanzando en la consolidación de una agenda de transformaciones profundas, y particularmente superáramos el conflicto armado que padecimos durante décadas.
Hoy reafirmo, siguiendo el camino que nos ha trazado el primer mandatario este mismo sentimiento y digo con humildad al tomar posesión como Vicepresidente de la República: gracias a Dios, gracias a Colombia, gracias al Congreso de la República y gracias al Presidente Juan Manuel Santos, por permitirle a un colombiano que ha dedicado 40 años de su vida al servicio público y no acumula una carrera política de origen partidista, suceder al Doctor Germán Vargas Lleras quien deja honda huella en las tareas que le fueron encomendadas.
Esta circunstancia -ciertamente excepcional- en la historia de la vida republicana de nuestro país, ratifica de manera indiscutible que los colombianos estamos gobernados por un líder que a lo largo de su trayectoria profesional y política, ha tenido en el centro de sus prioridades el fortalecimiento del Estado de Derecho y sus instituciones, más allá de consideraciones de partido.
Los distintos vaivenes que la institución de la Vicepresidencia ha tenido en el devenir de nuestro derecho público, se asentaron con su restablecimiento en la constituyente de 1991. Sabiamente el constituyente, al rescatar la figura, permitió que el Jefe de Estado pudiera asignarle al ‘segundo de a bordo’, precisas atribuciones que lo convierten en un aliado del Presidente, y en una especie de coequipero para contribuir al manejo de los asuntos más relevantes dentro del Estado.
El juramento que hoy presto como Vicepresidente, me recuerda el que un día hiciera para ingresar a la Policía Nacional, fundado en el ejemplo de mi padre el General Francisco José Naranjo, quien de la mano de mi madre me inculcaron los valores que me han permitido cumplir con el deber sobre la premisa de la rectitud y el amor infinito por mi patria. En ese momento, siendo un adolescente, juré respetar y hacer respetar la Constitución y la Ley, defender la integridad de la Nación, proteger -como dice la Carta Política- a todos los residentes en Colombia en su vida, honra y bienes.
Transmito al país entero, por lo tanto, que mi desempeño estará basado en una agenda absolutamente institucional y que por delegación del Presidente se focalizará en la implementación de los acuerdos de paz, a trabajar incansablemente y de manera coordinada con el gabinete ministerial para enfrentar los desafíos de seguridad ciudadana, articular la política antidrogas, avanzar en la lucha contra el crimen organizado, y adicionalmente, garantizar que el Gobierno y el conjunto de las instituciones, protejan efectivamente la vida y la integridad de los defensores de DDHH y de los líderes sociales.
La delincuencia común, el crimen organizado, el narcotráfico y las rentas criminales son factores que seguiremos combatiendo con toda firmeza y determinación para que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos y libertades en paz y sin zozobra alguna. Parodiando al maestro Echandía, reafirmo que es preciso trabajar sin descanso para que los campesinos puedan salir a pescar de noche pero también para que los habitantes de nuestras ciudades puedan salir tranquilamente a las calles y estar seguros en sus hogares sin temor y libres de amenaza.
Mi decisión personal y compromiso con la responsabilidad que asumo, se funda en mi identidad con la agenda de transformaciones que usted señor presidente Juan Manuel Santos desde 2010 ha liderado con firmeza. Señalo además, que mi compromiso se apoya en los ingentes esfuerzos que para poner fin a la confrontación armada, se sucedieron desde 1984 cuando el Presidente Belisario Betancur abrió el camino de la negociación política y logró la tregua de un año con la coordinadora Nacional guerrillera y más adelante el Presidente  Virgilio  Barco  lograría  desmovilizar  al M-19.
Su sucesor el Presidente César Gaviria, habría de continuar esta tarea con otros movimientos como el PRT, el EPL y el Quintín Lame. Luego vendrían los esfuerzos del Presidente Ernesto Samper por humanizar la guerra. Posteriormente, el Presidente Andrés Pastrana también lo intentaría en el Caguán.
Destaco ante el país que usted señor Presidente, después de haber ejercido el Ministerio de Defensa en el Gobierno de la Seguridad Democrática del Presidente Álvaro Uribe, retomando todas las experiencias del pasado, y cuando parecía que la vía de la negociación estaba cerrada, en un gesto audaz y con la determinación que lo caracteriza como estadista, logró por fin un acuerdo de Paz que sin duda, es el legado político más trascendente de la última mitad de siglo.
El proceso de paz que usted ha liderado, es un proceso de cara al país. Por primera vez, las víctimas han sido, son y seguirán siendo el principal foco de atención. Ha sido también un proceso transparente a sus Fuerzas Militares y de Policía. Miembros activos y retirados de las Fuerzas han contribuido a la consolidación del acuerdo.
Y además este proceso se ha caracterizado por la dignidad y seriedad frente al adversario, adversario que en cumplimiento del acuerdo, ya se encuentra agrupado en las Zonas Veredales Transitoras de Normalización y ha iniciado el proceso de dejación de armas, el tránsito a la legalidad y se prepara para dar comienzo a la reintegración.
Me entusiasma saber que participaré de un gobierno que trabaja con obsesión para que los colombianos nos unamos entorno a un gran propósito nacional de ser un país en paz total, con mayor equidad y el más educado de América Latina. Esa fue la hoja de ruta reafirmada por el Jefe de Estado el 7 de agosto de 2014.
Mi lealtad con el Gobierno se fortalece además, por el talante democrático y la integridad que a lo largo de estos años han sellado sus actuaciones como Presidente de la República.
Rescato su compromiso con los pobres cuando dijo: “a los pobres no les vamos a fallar, no los defraudaremos”, y a Fe que los logros de su política de prosperidad social, muestran hoy resultados incontrovertibles y sin precedentes:
650 mil beneficiados con la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Más de 5 millones de colombianos lograron acceso a derechos, bienes y servicios. La pobreza extrema disminuyó a la mitad; se han creado más de 3,2 millones de empleos, se ha llevado agua potable a 5 millones 600 mil compatriotas. La política de prosperidad social está entregando 130 mil casas gratis. Prácticamente todos los colombianos tienen acceso a salud.
Por otro lado, la aspiración de que Colombia llegue a ser el país más educado de Latinoamérica, se apoya en una realidad: por primera vez se le asignó a la educación el presupuesto más alto del Gobierno y la gratuidad total en los colegios oficiales, el esfuerzo para construir 30 mil aulas escolares y programas como Ser Pilo Paga son ejemplos maravillosos de este avance.
Me emociona, igualmente, registrar que bajo el liderazgo de la señora Maria Clemencia Rodriguez de Santos, más de 1 millón 200 mil niños menores de 6 años están siendo beneficiados del programa “De Cero a Siempre”, que es, sin duda, una política de Estado llamada a trascender.
Ha sido este Gobierno –y lo digo con conocimiento de causa– el que ha llevado los índices de homicidios, de secuestros, de acciones terroristas, a sus mínimos históricos, por lo menos en los últimos 40 años.
Todos estos resultados –resultados que los colombianos no hemos acabado de conocer ni de valorar– me llenan de orgullo y satisfacción. Y son mucho más que cifras: son personas, niños, madres, víctimas, campesinos, que hoy tienen una mejor calidad de vida.
El inventario de los logros alcanzados está marcado por la integralidad que combina la gobernabilidad democrática, la estabilidad y crecimiento económico, la proyección de Colombia como un país líder en la región y conectado al mundo en una renovada prioridad comercial, de ciencia y tecnología, y de enorme contribución a la integración regional y hemisférica.
Sin embargo, enfrentamos todavía enormes desafíos que nos generan preocupaciones y angustias, y que propongo superar procurando que nuestra democracia sea cada vez más vigorosa y nuestro Estado fortalecido llegue integralmente a todo el territorio.
Fortalecer la democracia y tener un Estado más competente, supone reconocer que el ejercicio de la oposición política es condición necesaria, siempre que el centro del debate y la controversia, identifique la verdad como el punto de partida de las diferencias.
Fortalecer nuestra democracia es asumir que se impulsan procesos de inclusión y tolerancia, hoy condición imperativa para lograr la reconciliación entre todos los colombianos. Superar la polarización, es el camino para abrir espacios a la participación ciudadana y evitar que el radicalismo rabioso erosione la institucionalidad.
Fortalecer la democracia nos debe comprometer a respetar las decisiones de las altas cortes y de los órganos de justicia.
Fortalecer la democracia, en síntesis, nos obliga a todos y especialmente a los líderes a superar visiones apocalípticas que multiplican la desconfianza y convierten al miedo en instrumento de movilización política.
Señor Presidente, al tomar juramento ante usted y de cara a los colombianos, no puedo dejar de evocar la memoria de héroes anónimos, de políticos, jueces, periodistas, defensores de DDHH, líderes sociales y de miles de víctimas y en especial, de los soldados de tierra, mar y aire y de policías que entregaron su vida en defensa de los más altos intereses de la Patria.
Tengo certeza que más allá de tormentas pasajeras, su gobierno, el gobierno de la paz, la equidad y la educación, tendrá asegurado un sitial preferencial en la historia, por permitirle a las actuales y futuras generaciones vivir en paz y seguridad.
Sé que en las largas jornadas que nos esperan, contaremos con el apoyo y respaldo del Congreso de la República, del que acabo de recibir tan abrumador apoyo. De los medios de comunicación que con tanta generosidad han registrado mi nombramiento. De la ciudadanía de la que sólo he recibido muestras de respeto y afecto, y naturalmente de Claudia, mi adorada esposa, sin cuya comprensión, amor y don de consejo, difícilmente hubiese podido trasegar este accidentado camino del servicio publico, y de mis hijas, razón de ser y norte de mi acción, de quienes solo he recibido amor, dedicación y permanente apoyo en los momentos difíciles de mi vida.
Señor Presidente, al haber prestado juramento para cumplir fiel y cabalmente con los deberes que me impone el cargo, me tomo la licencia de repetir las palabras que usted pronunciara al recibir el Premio Nobel de Paz, cuando dijo: “el sol de la paz brilla por fin en el cielo de Colombia”. Y yo agrego hoy que “todos los colombianos tenemos la obligación de trabajar hasta el límite de nuestras capacidades para que la paz sea irreversible”.