En la 29° Cátedra Europa de la Universidad del Norte, Alejandro Gaviria y Alexandra Vives analizaron la vida y obra del escritor austríaco, así como las advertencias que dejó frente al fanatismo, el autoritarismo y la pérdida de los valores culturales.
¿Qué hace un intelectual cuando los valores que considera fundamentales comienzan a desaparecer del mundo en el que habita? Esta pregunta estuvo en el centro del conversatorio “Stefan Zweig: El mundo de ayer, ¿y el de hoy?”, realizado el 30 de septiembre en el marco de la 29° Cátedra Europa de la Universidad del Norte.
El escritor Alejandro Gaviria y Alexandra Vives, directora de Editorial Uninorte, abordaron la vida, obra y pensamiento del autor vienés, cuya experiencia de exilio y la destrucción del mundo cultural que conocía estuvieron marcadas por el ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial.
Stefan Zweig nació en Viena en 1881. De origen judío y pacifista a raíz de sus experiencias durante la Primera Guerra Mundial, llegó a convertirse en uno de los escritores más leídos del siglo XX.
En 1934 abandonó Austria ante el avance del nazismo. Pasó por Londres y Nueva York antes de establecerse en Brasil. La destrucción de la Europa que conocía y el impacto del Holocausto marcaron profundamente sus últimos años. En 1942, Zweig se suicidó junto a su esposa.
La relación de Zweig con Colombia
Durante el encuentro realizado en el Coliseo Los Fundadores, Alejandro Gaviria explicó que conoció la obra de Zweig con mayor profundidad cuando era rector de la Universidad de los Andes y tuvo acceso a la extensa correspondencia que el escritor mantuvo con el intelectual colombiano Germán Arciniegas.
De esa investigación surgió el libro “No espero hacer ese viaje”, título inspirado en la última conversación que sostuvo Zweig antes de su muerte, cuando respondió a una invitación para visitar Bogotá.
La publicación reconstruye los últimos años del escritor, sus vínculos con Colombia y Latinoamérica y su mirada sobre los peligros del nacionalismo destructivo que contribuyó al escenario que desembocó en la Segunda Guerra Mundial.
Una advertencia frente al autoritarismo
La autobiografía póstuma “El mundo de ayer” ocupa un lugar central en esta reflexión. En ella, Zweig reconstruye la vida europea antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial y relata el surgimiento del nazismo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Gaviria explicó que el escritor identificó varios factores que facilitaron el ascenso del nazismo.
“En el libro hace una radiografía casi de científico social del surgimiento del nazismo en cuatro puntos. Él dice que el primero fue la inflación, que inflamó al pueblo alemán; segundo, que las sociedades parecen no tener mecanismos de defensa para el surgimiento de regímenes autoritarios; tercero, la subestimación de lo que ocurría; y cuarto, la estrategia nazi, en la que al principio se radicalizaban y después se echaban para atrás para abrirse espacio en la política. Eso es, de alguna manera, una advertencia para estos tiempos”, explicó Gaviria.
Aunque Zweig no realizó una condena abierta y constante contra el Tercer Reich, sus obras reflejaron su oposición a las ideas totalitarias que terminaron por arrebatarle su país y el mundo intelectual en el que había construido gran parte de su vida.
Entre sus obras relacionadas con estos temas se encuentran “Castellio contra Calvino: conciencia contra violencia”, publicada en 1936, y “Novela de ajedrez”, terminada poco antes de su muerte y publicada posteriormente en 1943.
El mundo cultural que Zweig perdió
Para Gaviria, la experiencia del exilio fue especialmente dolorosa porque Zweig vinculaba profundamente su identidad con el mundo de la cultura.
Durante la década de 1920, el escritor vivió uno de los momentos de mayor reconocimiento de su carrera y tuvo contacto con importantes figuras de la cultura y las artes, entre ellas James Joyce, H. G. Wells y Arturo Toscanini.
Su casa en Salzburgo se convirtió en un punto de encuentro para representantes de la élite cultural europea. Sin embargo, el avance del nazismo terminó por interrumpir ese mundo de encuentros, intercambios intelectuales y libertad cultural.
La nostalgia por un mundo que desaparece
El carácter melancólico, pesimista y nostálgico de la obra de Zweig también fue abordado durante el conversatorio.
Alexandra Vives se refirió a “Momentos estelares de la humanidad”, obra seleccionada en esta edición de El Poder de la Lectura, y señaló que en ella puede percibirse “quizás la sensación de ese mundo que se nos va escapando entre los dedos como la arena”.
El libro recrea catorce acontecimientos históricos con una marcada intensidad dramática. Para Gaviria, la obra busca “capturar lo inasible, la genialidad humana”.
Una reflexión que permanece vigente
El exilio, la destrucción de su mundo cultural y el impacto de la guerra y el Holocausto marcaron los últimos años de Zweig. En 1942, el escritor decidió quitarse la vida junto a su esposa en Brasil.
Su muerte también generó reflexiones posteriores entre escritores e intelectuales. Jorge Luis Borges se refirió a ella con la frase “todo suicida es un impaciente”, en alusión a que el final de la Alemania nazi estaba más cerca de lo que Zweig alcanzó a vivir.
Durante el conversatorio, los participantes también analizaron la relación entre la visión que Zweig tenía del arte, la cultura y la trascendencia y su decisión final.
La discusión llevó nuevamente a una pregunta que permanece abierta: ¿qué hacen los intelectuales cuando advierten que determinados valores fundamentales están desapareciendo?
Para Gaviria, la lectura de Zweig puede llevar a una posición distinta de la resignación. “Tenemos la responsabilidad de involucrarnos con el mundo, de cierto activismo y formas de resistencia, así sean pequeñas y estén circunscritas a nuestros ámbitos”, afirmó.
Al cierre del encuentro, el académico planteó que la vigencia de Zweig está precisamente en su mirada crítica frente al fanatismo y los pensamientos absolutos.
“Stefan Zweig debería ser leído en el siglo como un autor que escribió contra el fanatismo, en contra de la fe y los valores absolutos, de las opiniones estereotipadas, de las formas de vivir que habían destruido su vida. Esa es la clave que conecta un mundo de ayer con este mundo de hoy”, concluyó Gaviria.


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