Tras casi siete años de una labor incansable, el programa ADN Dignidad se prepara para concluir su ciclo en Colombia este próximo 30 de junio de 2026. Esta iniciativa, liderada por el Consorcio Cash for Urban Assistance (CUA) —integrado por Acción contra el Hambre, el Consejo Danés para Refugiados y el Consejo Noruego para Refugiados—, ha sido mucho más que una respuesta humanitaria; ha sido un motor de transformación para miles de familias.
Un impacto que trasciende cifras
Durante su implementación, el programa alcanzó a 405.000 personas, incluyendo migrantes venezolanos, colombianos retornados y comunidades de acogida. En nuestro departamento del Atlántico, la huella ha sido significativa: 63.816 participantes recibieron atención integral, destacando especialmente el fortalecimiento de capacidades a través de la estrategia CREA, que permitió a cientos de personas avanzar en emprendimiento, orientación laboral e inclusión financiera.
Resultados que construyen futuro
Lo que hace especial a ADN Dignidad es su enfoque en la autonomía. Según la evaluación de impacto realizada por la firma internacional 3iE, los hogares participantes no solo recibieron asistencia inmediata, sino que lograron un incremento del 14 % en sus ingresos y una reducción del 25 % en los índices de inseguridad alimentaria. Como bien señala Eric Besse, director del Consorcio CUA, el objetivo siempre fue «generar condiciones para que las personas fortalecieran sus medios de vida y avanzaran en sus procesos de integración».
Hacia un nuevo horizonte
A medida que el programa llega a su cierre, nos queda la enseñanza de que la respuesta humanitaria y el desarrollo económico pueden caminar de la mano. Al igual que el trabajo comunitario que realizas con los Rumberos del Silencio o tu compromiso con la sostenibilidad en el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín, este programa nos demuestra que la unión de esfuerzos, el apoyo a los artistas y el fortalecimiento de los tejidos sociales son el camino para construir una sociedad más equitativa.
Aunque el programa finaliza, los aprendizajes quedan sembrados en nuestras regiones, abriendo una puerta para que el apoyo a quienes más lo necesitan continúe siendo una prioridad nacional.


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