El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, anunció que su Gobierno no renovará el memorando de entendimiento con China, firmado en 2017 como parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Esta decisión marca un giro en la política exterior del país y fortalece su relación con Estados Unidos, asegurando la protección del Canal de Panamá, una infraestructura clave para el comercio mundial.
La medida ha generado reacciones en América Latina, especialmente en países como Ecuador, Chile, Uruguay, Bolivia y Costa Rica, que han firmado acuerdos similares con China. Expertos advierten que la creciente presencia china en la región plantea desafíos estratégicos y económicos.
El analista Zúñiga destacó que empresas chinas controlan infraestructuras clave en Panamá, como los puertos de Cristóbal y Balboa, y han participado en la ampliación del canal. Según él, esto ha permitido el tránsito de buques de guerra chinos, lo que podría representar un riesgo en caso de conflictos militares.
Además, alertó sobre la estrategia de China de ofrecer financiamiento a través de la Franja y la Ruta, lo que podría llevar a una «trampa de endeudamiento». Incluso el presidente francés Emmanuel Macron ha advertido sobre los riesgos de depender del crédito chino y la posible pérdida de soberanía económica.
La decisión de Panamá reabre el debate sobre el impacto de la inversión china en América Latina y la necesidad de diversificar sus socios comerciales e inversiones para evitar riesgos geopolíticos y financieros.


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